sábado, 17 de agosto de 2013

¿Podemos reprogramar el cerebro?


Revisando mi  ordenador encontré un  documento de autor desconocido que me atrajo mucho su lectura. Eso me hizo  reflexionar  sobre la posibilidad de reprogramar el cerebro para regenerar células.
El tema es complicado y yo no soy científica, no esperéis descubrimientos; solo pretendo incorporar mis ideas  en la materia a lo que ya dicen los expertos en el sistema neuronal, con la esperanza que mis reflexiones aporten un poco de luz.

La asombrosa inteligencia de una neurona
La inteligencia que puede llegar a tener una única neurona ha estado infravalorada hasta ahora y sin embargo ella sola,  es capaz de reconocer el sentido del tacto, o de activar la función de toma de decisiones, o de aprendizaje, sin mediar ayuda alguna.
Hoy sabemos, gracias a la rápida evolución de las neurociencias, que el cerebro humano es el objeto más complejo del universo, compuesto por diez mil millones de neuronas o células nerviosas, que además, cada una de ellas puede tener, a través de sus prolongaciones (axones y dendritas) miles de conexiones sinápticas instantáneas con otras neuronas (traslado de información de unas a otras en las sinapsis o puntos de encuentro).
 Lo cual quiere decir que en mi cerebro, en teoría, se cuentan por billones las conexiones, enlaces o sinapsis, las cuales ocasionan unos impulsos eléctricos que viajan por el cerebro a una rapidez de 320 Km. por hora, configurando mi personalidad. Alucinante ¿no?.
 Esas conexiones conforman una red neuronal que sirve para controlar las funciones físicas y químicas del individuo, cuyas reacciones se producen a causa de los neurotransmisores, hormonas que son mensajeros químicos, con estimulación eléctrica.
Las neuronas que, por cualquier causa, no se conexionan, mueren por falta de actividad  es decir, sin conexión no hay vida. La sabiduría popular dice de una persona poco activa “que se le han secado las neuronas por falta de uso”. A veces lo más  sencillo  y lo más  evolucionado se dan la mano.
 En cambio, nuevas experiencias pueden activar las células creando nuevos axones, sobre todo en el período de la pubertad y juventud, y cuantas más veces se repita una conexión, más fuerte será la ruta (o autopista) informativa. Cuantos más intereses tenemos en la vida, mas “despiertos” nos mantenemos, mejor se conserva el cerebro.
Mis recuerdos escolares  me hacen revivir cuantas veces debía escribir las tablas de multiplicar para sabérmelas  “de corrido”, y cuantas pautas de conducta  fueron escritas para “memorizar lo prohibido” y ahora me sorprende la ciencia neuronal informando que  cuantas más veces se repita una conexión, más fuerte será la ruta (o autopista) informativa. Así que  ahora aquellos interminables castigos escritos, cobran un sentido pedagógico.
 Pero lo importante es que  podemos aumentar nuestras capacidades, porque tenemos pruebas de que el desarrollo es un proceso continuo, gracias a la sucesión de imágenes que nos van proporcionando los sentidos  y como dice el profesor Karl Vogt, “el cerebro humano segrega pensamientos como el estómago jugo gástrico, el hígado bilis y el riñón orina”.
Lo fundamental es que, por ejemplo, mi respiración depende del bulbo raquídeo, y mi equilibrio del cerebelo; que la pequeña amígdala genera las emociones; que el hipotálamo regula mis deseos de hambre y sed; que no podría soñar sin el mesencéfalo en buenas condiciones; que mis sentimientos de amor, odio, envidia, tristeza o alegría son productos elaborados en mi sistema límbico.
Así, como enseñan los neurobiólogos, no se necesita ningún “espíritu” invisible que los ponga en marcha. De sorpresa en sorpresa, de asombro en asombro, voy constatando que los experimentos científicos lo reducen todo a impulsos eléctricos, originados por las combinaciones químicas de las hormonas.
La sabiduría de la medicina China, con unos cuantos siglos de avance sobre la tradición médica occidental, confirma que todo funciona por el fluido eléctrico del cuerpo; por eso insertan agujas de acupuntura sobre determinados centros energéticos, que activan el impulso eléctrico de los meridianos relacionados con los órganos, para sanar y desbloquear la energía estancada ahí. .
Al final de todos los galimatías científicos de los siglos pasados hasta ahora, resultara que a pesar de de "cada librillo es de su maestrillo" lo que diferencia las lecturas solo serán las tapas y la presentación, porque en el contenido, la Verdad, coincide en todas las culturas...
Sabemos que la  Glándula Pineal, es la productora de una hormona, que bautizaron como “melatonina”, con la singularidad de que esa fabricación sólo se produce por la noche, huyendo de la luz. Esta melatonina pone en marcha el reloj biológico de los animales, es decir, que rige el ritmo vital de todos los vertebrados.
Esto explicaría las “depresiones de invierno” y la euforia primaveral, ya que la luz frena la producción de ese componente químico. ¿No es maravilloso? Ya sé por qué “la primavera la sangre altera”: porque hay menos melatonina en mi sangre. Y posiblemente esa es la razón que los maestros místicos recomiendan despertar con el sol y dormir cuando sale la luna, y .a lo mejor, el consejo no es tanto por misticismo sino por conocimiento del cuerpo humano, porque eso alargaría la vida humana.

Emociones y Sentimientos
No obstante, aún no he llegado a comprender por qué pienso, razono y puedo ser creativo.
Una cosa son los sentimientos, las emociones y las reacciones involuntarias de mi personalidad, pero ¿qué me hace diferente a los demás mamíferos? ¿Qué hace diferentes a hembras y varones?
Leo en algún libro que los cerebros de hombres y mujeres presentan algunas diferencias, y por tanto sus funciones también difieren. Por ejemplo, los dos hemisferios femeninos del cerebro “charlan” continuamente entre sí, lo que les produce un flujo de dopamina, la productora del placer neurológico, mientras que los masculinos pueden guardar silencio durante horas. Es sabido que los fetos empiezan teniendo un cerebro femenino pero, a las ocho semanas, los incipientes testículos de los varones comienzan a producir testosterona, que se multiplica con la pubertad, quedando esclavizados a ella el resto de la vida, como nos enseña el doctor Brisen diñe, neuropsiquiatra americano.
Por su parte, asegura el mismo profesor, las hembras son las que en realidad seleccionan al macho que les conviene. El feminismo podría tener una base científica. “La condición sexual básica o primaria en el ser humano es la femenina. La naturaleza masculina es fruto de un trabajo de corrección de esa estructura básicamente femenina”, asegura Hugo Liaño, Jefe de Neurología de la Clínica Puerta de Hierro, en su obra Cerebro de hombre, cerebro de mujer (1988).
Si ahora me dejara llevar por mis devaneos mentales, podría decir que la creación del mundo según la Biblia surgió de la oscuridad pasiva de la materia que se dejó penetrar por la Luz activa, simbolismo dual aplicable igualmente a la pareja mujer/hombre, pero bueno esto es solo una elucubración intrascendente, aunque no imposible, ya que a lo largo de mis investigaciones, voy comprobando que aun antes de que la Ciencia Quántica fuera ciencia, y planteara que todo es una probabilidad, la tradición hermética y aun mas el Budismo, me habían dado las mismas respuestas a mis múltiples dudas. Lo genial será cuando todos reconozcamos que no hay diferenciación vayamos por el caminos que vayamos.
Mente Emocional, Mente Racional
La identidad de género sólo se puede explicar por el cerebro. Están en un error tanto los que hablan de enfermedad como los que acusan de viciosos a los homosexuales. Está demostrado, por ejemplo, que el hipocampo es mayor en el varón que en la hembra, y que los transexuales masculinos tienen el hipocampo tan pequeño como las mujeres.
Todos los experimentos indican que poseemos dos mentalidades: una emocional (más antigua, de origen animal) y otra racional (más moderna, exclusiva de la especie humana).
Ambas dependen de las informaciones recibidas por la percepción sensorial con cuyos datos el cerebro construye una especie de holograma, que la memoria conserva, como indica Karl Pribran, neurofisiólogo de la universidad de Stanford.
Los dos hemisferios cerebrales están compuestos de cuatro lóbulos (temporales, frontales, parietales y occipitales) donde se procesan las informaciones sensoriales, pero están recubiertos por algo mucho más importante: una fina piel de pocos milímetros de espesor, llamada corteza cerebral (también conocida como “cortex”, del latín “cerebral cortex”, que cubre las circunvalaciones de los lóbulos.
Esta corteza integra las funciones mentales más superiores, la movilidad general, la percepción y el raciocinio. ¿No podríamos llamarla “la piel de la conciencia”?
Creo que estoy en el buen camino, porque, según los científicos, “la pasión por aprender es la herramienta para sobrevivir”. Hace cien mil años, el cerebro humano era igual que el de hoy en su estructura, aunque las experiencias lo van modernizando constantemente en sus funciones. El sistema nervioso surgió y evolucionó a partir de la necesidad de moverse, por eso sólo tienen cerebro los animales que lo necesitan.
Antonio Damasio, por su parte, aclara que nacemos con un mandamiento que se lleva en los genes, que es el de mantener la vida durante nuestra existencia. “Cada operación de nuestro cerebro gira alrededor del problema de mantener la vida”. En otras palabras, yo diría que nos pasamos nuestra corta vida luchando siempre con la muerte, pero en realidad deberíamos pasarla disfrutando de la vida, porque es la mejor manera de ganar la partida..
¿Quieres reprogramar tu cerebro?
Según el profesor Gregory, “el cerebro no se ha diseñado para buscar la verdad, sino para sobrevivir”.
En todo caso, el cerebro es el gran “disco duro” humano, metáfora informática que nos ayuda a entender algo mejor su estructura y funciones, y al que José Antonio Jáuregui define como “el ordenador emocional del hombre”.
Al contrario que el resto del cuerpo, el cerebro, no siente dolor. Se le pueden clavar miles de agujas sin que el paciente sufra y todos los científicos coinciden en que la actividad del cerebro depende de las órdenes recibidas de “genes” y “memes” (ambiente y circunstancias) que interaccionan constantemente en las diferentes zonas neuronales.
 El cerebro tampoco es capaz de diferenciar lo real de lo imaginario, ni de diferenciar presente del pasado o futuro. Su función es  simplemente se limita a almacenar  información que le llega de  todas las terminales sensoriales como ya hemos visto antes, y procesarla.
Supongamos que  de repente por alguna situación concreta nos sentimos amados. Inmediatamente se genera la orden “yo soy amado” en  nuestro cerebro, que  comienza a generar  endorfinas correspondientes a una vivencia de relación amorosa.
La memoria de las experiencias amorosas vividas en el pasado, surgirán del silencioso subconsciente manifestando en el presente unas acciones  basadas en la información acumulada  y adaptadas  al momento actual. Experimentaremos de nuevo "el efecto amor en nuestra vida" que por supuesto, será satisfactoria o no según el recuerdo acumulado en nuestra memoria pasada.
 ¿Te parece extraño o absurdo?, pues  mas o menos eso dicen los científicos, y yo misma,  recuerdo haber reflexionado muchas veces del porque:”siempre me pasa lo mismo con las parejas”, y no es cuestión “de suerte” o de saber elegir, sino de repetir pautas. Parece como si  un hada traviesa, me condujera a relaciones emocionales con personas que me recordaban las dificultades de mi relación anterior, o actitudes comunes entre mi compañero y mi padre. Repetimos, repetimos, repetimos…
El refranero español es un experto en dichos  como: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”, y me planteo si  ¿no seria  porque a nuestro  disco duro se le metió un virus que ensució la pista y me  impide ver el panorama completo  como ser evolutivo? ¿Por qué revivimos las costumbres erróneas y se nos pasa por alto la luz de nuestro potencial?, quizás porque a parte de ese  sobrevivir que dice el Prof. Gregory, nuestro objetivo es alcanzar un estado de equilibrio interior tal que seamos capaces de alcanzar en nosotros mismos LaUnidad: mente-corazón… o sea Ser Felices, pero  para eso, es necesario “limpiar de restos erróneos la pista 0 de nuestro ordenador emocional”.
Todas las técnicas actuales de visualización creativa, terapias regresivas, prácticas  de meditación, ejercicios tántricos, y de reestructuración emocional  que proliferan por el mundo actual, y cuyo origen está  en la  sabiduría tradicional, en realidad, están dirigidos hacia la modificación de nuestro chip cerebral, con el fin de reprogramarlo, “sobre inscribiendo” un nuevo programa bajo el mismo nombre, pero mas actualizado, que nos va a facilitar los resultados que esperamos obtener  en materia de  amor, de luz, de poder, y de abundancia, y que a su vez anulará las vieja imágenes de dolor, soledad, sufrimiento y pobreza espiritual.
Pero al igual que ocurría en nuestras clases de infancia y juventud es necesario que  esa información quede fijada en la memoria de  nuestro disco para que  el cambio sea producido. Es un trabajo de constante repetición en tiempos y horarios, y sobre todo no permitirnos “rememorar las viejas pautas del pasado”.
Se trata de sustituir experiencias satisfactorias sobre las  no satisfactorias. Cuanto mas conciencia tomemos de nuestras habilidades y las pongamos en práctica, mas se reducirán las no satisfactorias. Cuanto mas atención pongamos a los momentos de Luz, menos oscuridad habrá en nuestra vida. Así se reprograma un cerebro.
La enfermedad.  La discapacidad, la degeneración,  son viejas pautas de conducta erróneas, que mantenemos  en activo en nuestra memoria, y mientras no las cambiemos por  nuevas actitudes, estaremos siempre anclados en nuestra limitación.
Que  nadie se moleste, por favor, no estoy diciendo que el que esta enfermo es porque quiere, o que dadas sus condiciones no tiene nada que hacer. El cerebro se puede reprogramar eso hemos visto que dice la ciencia, y si es así, entonces también es posible recuperar salud, y obviamente, podemos mejorar condiciones de vida, sanar nuestras emociones, frenar la degeneración  y sobretodo, vivir en paz con nosotros mismos  y los demás.
Yo a estas alturas hablaría de una técnica que a mi me esta siendo sumamente útil y efectiva. Se llama Ho´oponopono, o la técnica del perdón, pero lo dejare para un capitulo completo cuando mis investigaciones estén mas avanzadas. Pero si alguien esta interesado que lo busque en Internet hay libros e información muy interesante en español.
Mi Conclusión
 Hace 38 años yo tenia 24 y me dijeron que mi artritis era la de la silla de ruedas y que podían  darme de baja laboral pero que entre 6  /12 meses estaría en casa  inmovilizada. La recomendación fue que hiciera la vida normal dentro de mis posibilidades para  impedir el anquilosamiento de  articulaciones. Por supuesto me enfadé muchísimo con el veredicto, y dije: “eso no lo verán  sus ojos”, y salí dando un portazo, propio de mi ira en aquellas épocas.
A partir de ahí comenzó una lucha sin cuartel entre la enfermedad y yo, sin intentar comprender "el mensaje de mi postración" que en realidad era lo importante.
Es cierto que  he tardado  33 años en sentarme en la temida silla, (por eso los ojos del doctor no lo han visto) pero también he aprendido  muchísimas cosas y he comprobado como “mis reprogramaciones emocionales” me han dado una gran mejora de carácter, un cambio de actitudes importante y una calidad de vida muy aceptable. He tenido cuanto una mujer desearía tener, en la vida: matrimonio, hijos, pareja, amantes, nieto, trabajo, amigos, e  ilusiones. Y he cumplido cuantas expectativas puse en mí; desde luego no como yo las proyecté (nunca pensé que seria feliz sentada en una silla de ruedas) pero el resultado es satisfactorio. Tengo todo cuanto necesito, y además me siento útil y querida. En una palabra he aprendido que aquello que deseo de corazón esta en mi; ni afuera, ni al lado ni arriba, ni abajo, sino dentro de mi  y solo hay que  buscar la vía de contacto con mi interior cada día…. Y aparece de manera sorprendente.
Os deseo a todos que  encontréis vuestro camino.


Por Amelia Lamaignere. Para Cuadernos del Despertar (*)

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